Dios llama a Abrahán de entre todos los habitantes de la tierra, y le hace una promesa. Esta promesa tiene una triple mención (Gén. 12, 1-9; 15, 1-20; 17, 1-8)
Dios le hace a Abrahán una promesa de descendencia y de tierra. “Cada una de estas tres perícopas posee una especificidad teológica. Gén. 12 describe a Abrahán como receptor de la bendición divina (v. 2), pero también como el mediador de esta bendición con respecto a otros pueblos (v. 3). Esta perspectiva universalista está ausente de Gén. 15, relato en el que las relaciones entre Dios y Abrahán son descritas en términos de alianza (v. 18). La alianza se concluye mediante un rito sacrificial (Gén. 15, 9-12. 17-18). En Gén. 17, por último, la alianza entre Dios y Abrahán no pasa por un sacrificio, sino por el don de una ley: la circuncisión (cf. Gén. 17, 9-14). Observemos igualmente la diversidad del vocabulario empleado para nombrar a Dios: Yahvé en Gén. 12, Yahvé y Adonai Yahvé en Gén. 15, Elohim y El Shadday en Gén. 17”.